jueves, 20 de marzo de 2008
El sol se elevaba. La pura y descolorida inmensidad del cielo se extendía en
lo alto, indiferente a él y su sufrimiento.
Harry se sentó en la entrada de la tienda y respiró hondo para despejarse.
Simplemente el estar vivo contemplando la salida del sol sobre la brillante
ladera nevada debería haber sido el mayor tesoro sobre la tierra, pero él no
podía apreciarlo. Sus sentidos se habían entumecido por la calamidad de
haber perdido su varita. Observó el valle cubierto de nieve, las lejanas
campanas de la iglesia repicaban a través del brillante silencio.
Sin darse cuenta, se estaba clavando los dedos sobre los brazos como si
intentara resistirse al dolor físico. Había derramado su propia sangre más
veces de las que podía contar, había perdido todos los huesos del brazo
derecho una vez, este viaje ya le había dejado cicatrices en el pecho y el
antebrazo para unirse a las de la mano y la frente, pero nunca, hasta este
momento, se había sentido tan fatalmente débil, vulnerable y desnudo, como
si la mayor parte de su poder mágico le hubiese sido arrancado. Sabía
exactamente lo que Hermione le diría si expresaba algo de esto: la varita
mágica es sólo tan buena como lo es el mago. Pero estaba equivocada, su caso
era diferente. Ella no había sentido a la varita girar como la aguja de una
brújula y disparar las llamas doradas sobre el enemigo. Había perdido la
protección de los corazones gemelos y solo ahora que había desaparecido
comprendía lo que había estado contando con ello.
Sacó los pedazos de la varita rota del bolsillo y, sin mirarlos, los metió
en la bolsa de Hagrid que llevaba alrededor del cuello. La bolsa estaba ya
demasiado llena de objetos rotos e inútiles como para meter más. La mano de
Harry acarició la vieja Snitch a través de la piel de topo y por un momento
tuvo que luchar contra la tentación de arrancársela y tirarla. Impenetrable,
inservible, inútil, como todo lo demás que Dumblemore había dejado atrás.
Y la furia hacia Dumblemore estalló ahora en él como lava, quemando en su
interior, borrando cualquier otro sentimiento. Aparte de la pura
desesperación con que se había aferrado a la creencia de que en el Valle de
Godric encontrarían respuestas, se habían autoconvencido de que se suponía
que volverían, que todo esto era parte de algún camino secreto diseñado para
ellos por Dumblemore; pero no había ningún mapa, ningún plan. Dumblemore los
había dejado para que caminaran a tientas en la oscuridad, luchando contra
desconocidos e inimaginables terrores, solos y sin ayuda. Nada tenía
explicación, nada era entregado libremente, no tenían la espada, y ahora,
Harry no tenía varita. Y había dejado caer la fotografía del ladrón y esto
seguramente facilitaría que Voldemort averiguara quién era...Voldemort
tendría toda la información ahora....
-¿Harry?
Hermione parecía temer que pudiera maldecirla con su propia varita mágica.
Con la cara bañada en lágrimas, se agachó a su lado, con dos tazas de té en
sus temblorosas manos y algo voluminoso bajo el brazo.
-Gracias - dijo él, cogiendo una de las tazas.
-¿Te importa si te hablo?
-No -dijo, porque no quería herir sus sentimientos.
-Harry, querías saber quién era el hombre de la fotografía. Bueno... tengo
el libro.
Tímidamente lo puso sobre su regazo, una copia inmaculada de Vida y Mentiras
de Albus Domblemore.
-¿Dónde... cómo...?
-Estaba en la sala de estar de Bathilda, allí tirado...Esta nota sobresalía
dentro de él.
Hermione leyó las pocas líneas de escritura puntiaguda, verde-ácido en voz
alta.
-"Querida Batty, gracias por la ayuda. Aquí está la copia del libro, espero
que te guste. Lo contaste todo, incluso si no lo recuerdas. Rita." Creo que
debe haber llegado mientras la verdadera Bathidla estaba viva, pero ¿quizás
no estaba en condiciones de leerlo?
-No, probablemente no lo estaba.
Harry bajó la mirada a la cara de Dumblemore y experimentó una oleada de
salvaje placer. Ahora averiguaría todo lo que Dumblemore nunca había pensado
que valiera la pena contarle, tanto si Dumblemore lo quería o no.
-Todavía estás realmente enfadado conmigo, ¿verdad? -dijo Hermione. Harry
advirtió lágrimas frescas manando de sus ojos y sabía que la rabia debía
mostrarse en su cara.
-No -dijo él quedamente-. No, Hermione, sé que fue un accidente. Intentabas
mantenernos vivos y estuviste increíble, habría muerto si tú no hubieras
estado alli para ayudarme.
Trató de devolverle la pálida sonrisa, luego volvió su atención al libro. El
lomo estaba rígido; estaba claro que nunca antes había sido abierto. Hojeó
las páginas, buscando fotografías. Las encontró casi inmediatamente, el
joven Dumblemore y su apuesto compañero, rugiendo de risa por alguna broma
largamente olvidada. Harry dejó caer los ojos sobre la nota al pie.
Albus Dumblemore, poco después de la muerte de su madre, con su
amigo Gellert Grindelwald.
Harry se aferró a la última palabra durante largo tiempo. Grindelwald. Su
amigo Grindelwald. Miró de reojo a Hermione, que todavía contemplaba el
nombre como si no pudiera creer en sus ojos. Despacio alzó la vista hacia
Harry.
-¿Grindelwald?
Ignorando el resto de las fotografías, Harry buscó en las páginas de los
alrededores la repetición del fatídico nombre. Pronto lo descubrió y leyó
ansiosamente, pero se acabó perdiendo. Era necesario ir más hacia atrás para
que todo aquello tuviera sentido, y finalmente se encontró al principio de
un capítulo titulado "El Bien Mayor". Juntos, él y Hermione comenzaron a
leer:
Acercándose a su décimo octavo cumpleaños, Dumblemore deja Hogwarts en el
resplandor de la gloria-... Alumno destacado, Prefecto, Ganador del Premio
Barnabus Finkley de Lanzamientos de Hechixos Excepcional, Joven
Representante del Wizengamot, Medalla de Oro, Ganador por su Gran
Contribución a la Conferencia Internacional de Alquimia de El Cairo.
Dumblemore tiene la intención, a continuación, de hacer un Grand Tour con
Elphias "Dogbreath" Doge, el compañero tonto pero devoto que había adoptado
en la escuela.
Los dos jóvenes se hospedaban en el Caldero Chorreante en Londres,
preparándose para la partida a Grecia a la mañana siguiente, cuando llegó
una lechuza con noticias sobre la muerte de la madre de Dumblemore.
"Dogbreath" Doge, quien rechazó ser entrevistado para este libro, ha dado al
público su propia versión sentimental de lo que pasó después. Presentó la
muerte de Kendra como un trágico golpe y la decisión de Dumblemore de
abandonar la expedición como un acto de noble sacrificio.
Indudablemente Dumblemore volvió al Valle de Godric inmediatamente,
supuestamente para cuidar de su hermano menor y su hermana. ¿Pero cuanto
cuidado les dedicó en realidad?
"Era un cabeza loca, ese Aberfort", dijo Enid Smeck, cuya familia vivía a
las fueras del Valle de Godric en aquel tiempo. "Corría salvaje"
Naturalmente, con su madre y su padre desaparecidos tenías que sentir pena
por él, solo que siguió tirando estiércol de cabra sobre mi cabeza. No creo
que Albus se preocupara por él, nunca los vi juntos, de cualquier modo.
¿Entonces que hacía Albus, si no estaba consolando a su salvaje hermano? La
respuesta, parece ser, asegurar el encarcelamiento continuo de su hermana.
Al parecer, aunque su primer carcelera había muerto, no hubo ningún cambio
en la lamentable condición de Ariana Dumblemore. Su misma existencia siguió
siendo solo conocida por unos pocos allegados que, como "Dogbreath" Doge, se
contentaban con creer la historia de su "enfermedad".
Otro amigo fácilmente satisfecho de la familia era Bathilda Bagshot, la
famosa maga historiadora que ha vivido en el Valle de Godric durante muchos
años. Kendra, desde luego, había rechazado a Bathilda cuando intentó dar la
bienvenida a la familia al pueblo. Varios años más tarde, sin embargo, la
autora envió una lechuza a Albus a Howard, habiendo quedado favorablemente
impresionada por su papel en la transformación de trans-especies en
Transfiguration Today. Este contacto inicial la llevó a conocer a toda la
familia Dumblemore. En el momento de la muerte de Kendra, Bathilda era la
única persona en Godric Hollow que se llevaba bien con la madre de
Dumblemore.
Lamentablemente, la brillantez que Bathilda exhibió pronto en su vida ahora
ha perdido intensidad. "El fuego estaba encendido, pero el caldero está
vacío", como decía Ivor Dillonsby me exprimía, o, en la frase ligeramente
anterior de Enid Smeck, "Está más chiflada que una cagada de ardilla". Sin
embargo, una combinación de técnicas de prueba y error me permitió extraer
bastantes pepitas de hechos sólidos para ensartarlos hasta dar forma a la
escandalosa historia.
Como el resto del mundo magico, Bathilda atribuía la prematura muerte de
Kendra a un encantamiento rebotado, una historia repetida por Albus y
Aberforth en años posteriores. Bathilda también repite como un loro la
historia de la familia sobre Ariana, llamándola "frágil" y "delicada". En un
tema, sin embargo, Bathilda bien merecía el esfuerzo de ponerse a obtener
Veritaserum, ya que ella, y solo ella, conocía la historia completa del
secreto mejor guardado de la vida de Albus Dumblemore. Ahora revelado por
primera vez, que pone en duda todo lo que creían sus admiradores sobre
Dumblemore, su supuesto odio a las Artes Oscuras, su oposición a la opresión
de los muggles, e incluso la devoción hacia su propia familia.
El mismo verano en que Dumblemore se fue a casa en el Valle de Godric, ahora
huerfano y cabeza de familia, Bathilda Bagshot acordó aceptar en su casa a
su sobrino nieto Gellert Grindelwald.
El nombre de Grindelwald es a toda suerte famoso. En una lista de Magos
Oscuros Peligros de Todos los Tiempos, él perdería el primer lugar solo
debido la llegada de quien-ustedes-ya-saben una generación más tarde,
robándole la corona. Como Grindelwald nunca extendió su campaña de Terror a
Gran Bretaña, sin embargo, los detalles del aumento de su poder no es
ampliamente conocido aquí.
Educado en Durmstrang, una conocida escuela famosa incluso entonces por su
desafortunada tolerancia a las Artes Oscuras, Grindelwald se mostró tan
brillantemente precoz como Dumblemore. En vez de canalizar sus habilidades
en lograr reconocimientos y premios, sin embargo, Gellert Grindelwald se
dedicó a otras búsquedas. A los dieciséis años, incluso en Durmstrang
sintieron que ya no podían hacer la vista gorda con respecto a los
retorcidos experimentos de Gellert Grindelwald y fue expulsado.
Hasta ahora, todo lo que se sabía sobre los siguientes movimientos de
Grindelwald era que "viajó por el extranjero durante algunos meses". Ahora
puede ser revelado que Grindelwald decidió visitar a su tía abuela en el
Valle de Godric, y que allí, por intensamente chocante que pueda ser para
muchos de los que leen, acabó trabando una cercana amistad con nada menos
que Albus Dumblemore.
"Me parecía un muchacho encantador", balbuceó Bathilda, "fuera lo que fuera
en lo que se convirtió despues. Naturalmente se lo presenté al pobre Albus,
que echaba de menos la compañía de jóvenes de su propia edad. Los muchachos
simpatizaron el uno con el otro inmediatamente"
Ciertamente lo hicieron. Bathilda me mostró una carta, guardada por ella,
que Albus Dumblemore había enviado a Gellert Grindelwald a altas horas de la
noche.
"¡Sí, incluso después de que se pasaban todo el día discutiendo, ambos
muchachos eran jóvenes brillantes, bullían como un caldero al fuego, yo a
veces oía a una lechuza golpeando en la ventana del dormitorio de Gellert,
entregando una carta de Albus¡ ¡Se le habría ocurrido una idea y tenía
tendría que hacérselo saber a Gellert inmediatamente!
Y qué ideas tenían. Unas profundamente sorprendentes, como los admiradores
de Albus Dumblemore descubrirán, aquí están los pensamientos de su héroe a
los diecisiete años, en una misiva a su nuevo mejor amigo. (Una copia de la
carta original puede se vista en la página 463)
Gellert
Tu punto de vista de que la dominación del Mago es POR EL PROPIO BIEN DE LOS
MUGGLES...ese, creo yo, que es el punto crucial. Sí, se nos ha dado el poder
y sí, ese poder nos da derecho a dominar, pero también conlleva una
responsabilidad para con el mundo. Debemos acentuar ese punto, será la
piedra angular sobre la que construiremos. Donde encontremos oposición, que
seguramente la habrá, esta debe ser la base de todos nuestros
contraargumentos. Tomemos el control POR EL BIEN MAYOR. Y seguir a partir de
eso donde encontraremos resistencia, debemos usar solo la fuerza necesaria y
no más. (Ese fue tu error en Durmtrang) Pero no me quejo, por que si no
hubieras sido expulsado, nunca nos habríamos conocido.
Albus
Asombrados y consternados estarán sus muchos admiradores, esta carta
constituye la prueba de que Albus Dumblemore una vez soñó con derrocar el
Estatuto Secreto y establecer el control de los Magos sobre los muggles.
¡Qué golpe para los que siempre retrataban a Dumblemore como el mayor
defensor de los nacidos muggles! A la luz de esta evidencia
indiscutiblemente nueva, las cosas se ven desde otra perspectiva. ¡Qué
despreciable aparece Albus Dumblemore ocupado en planear su ascención al
poder, cuando debería haber estado afligido por su madre y cuidando de su
hermana!
Sin duda, aquellos decididos mantener a Dumblemore sobre un pedestal
alabarán que, después de todo, no pusiera sus proyectos en acción, debió
haber sufrido un cambio de parecer, recobrando el juicio. Sin embargo, la
verdad parece totalmente sorprendente.
Apenas dos meses después del comienzo de su nueva gran amistad, Dumblemore y
Grindelwald se separaron, y nunca se volvieron a ver el uno al otro hasta
que se encontraron en su legendario duelo (para más, ver capítulo 22). ¿Qué
causó esta abrupta ruptura? ¿Dumblemore había recobrado el juicio? ¿Le había
dicho a Grindelwald que no quería formar parte de sus proyectos? Ay!, no.
"Fue la muerte de la pobre y pequeña Ariana, creo, eso fue", dice Bathilda.
"Fue un golpe terrible. Gellert estaba allí en la casa cuando pasó y volvió
a mi casa muy nervioso, me dijo que se quería ir a casa al día siguiente.
Terriblemente apenado, sabes. Entonces arreglé un Traslador y esa fue la
última vez que le vi.
"Albus estaba fuera de sí por la muerte de Ariana. Fue terrible para los dos
hermanos. Habían perdido a todos excepto el uno al otro. No es extraño que
los temperamentos se elevaran a gran altura. Aberforth culpó a Albus, ya se
sabe como se pone la gente en esas terribles circunstancias. Pero Aberforth
siempre hablaba un poco como a lo loco, el pobre muchacho. En todo caso,
romperle la nariz a Albus en el funeral no fue decente. Habría destruido a
Kendra, el ver que sus hijos luchaban así, sobre del cuerpo de su hija. Una
pena que Gellert no pudiera quedarse para el entierro... Habría sido un
consuelo para Albus, al menos...
Esta reyerta junto al ataúd fue terrible, conocida solo por aquellos pocos
que asistieron al entierro de Ariana Dumblemore, levantando varias
preguntas. ¿Por qué culpaba exactamente Aberforth Dumblemore a Albus de la
muerte de su hermana? ¿Fue, como "Batty" pretende, una mera efusión de pena?
¿O podía haber una razón más concreta para esa furia? Grindelwald, expulsado
de Durmstrang por los casi fatales ataques a sus compañeros de estudios,
escapó del país pocas horas después después de la muerte de la muchacha y
Albus (¿por vergüenza o miedo?) nunca le volvió a ver, no antes de ser
obligado a ello por las súplicas del mundo mágico.
Ni Dumblemore ni Grindelwald se refirieron nunca posteriormente a esta breve
amistad de juventud. Sin embargo, no puede haber ninguna duda de que
Dumblemore se retrasó, durante aproximadamente cinco años de confusión,
víctimas y desapariciones, en su ataque sobre Gellert Grindelwald. ¿Le
retrasó el afecto por el hombre o el miedo a exponerse ante su una vez mejor
amigo lo que hizo que Dumblemore vacilara? ¿Fue solo a regañadientes que
Dumbledore se dedicó a la captura del hombre al que una vez había estado tan
encantado de conocer?
¿Y cómo fue la misteriosa muerte de Ariana? ¿Fue víctima involuntaria de
algún rito oscuro? ¿Tropezó con algo que no debería haber visto, cuando los
dos jóvenes estaban sentados practicando para su intendo de conseguir gloria
y dominación? ¿Es posible que Ariana Dumblemore fuera la primera persona en
morir por "el bien mayor"?
El capítulo terminaba aquí y Harry levantó la vista. Hermione había llegado
al final de la página antes que él. Arrancó el libro de la mano de Harry,
pareciendo un poco alarmada por su expresión, y lo cerró sin mirarlo, como
si ocultara algo indecente.
-Harry....
Pero él negó con la cabeza. Alguna certeza interna había sido aplastada
dentro de él; era exactamente lo que había sentido después de la marcha de
Ron. Había confiado en Dumblemore, había creído que era la encarnación de la
bondad y la sabiduría. Todo cenizas. ¿Qué más podía perder? Ron, Dumblemore,
la varita de fénix...
-Harry -Ella pareció haber escuchado sus pensamientos. - Escúchame.
Esto....no es una lectura muy agradable...
-Sí, podrías decirlo así...
-...pero no lo olvides. Harry, que esto está escrito por Rita Skecter.
-Leiste esa carta a Grindelwald, ¿verdad?
-Sí...lo hice -Vaciló, parecía molesta, acunando su té en las frías manos-.
Creo que ese fue el peor trozo. Sé que Bathilda pensaba que solo era charla,
pero "Por el Bien Mayor" se convirtió en el lema de Grindelwald, su
justificación para todas las atrocidades que cometió más tarde. Y...desde
que... esto hace que parezca que Dumblemore le dio la idea. Dicen que "Por
El Bien Mayor" incluso fue tallado sobre la entrada de Nurmengard.
-¿Qué es Nurmengard?
-La prisión que tenía Grindelwald para retener a sus opositores. Él mismo
terminó allí, una vez que Dumblemore le atrapó. De todos modos, esto....esto
es un pensamiento horrible, que las ideas de Dumblemore ayudaran a impulsar
la subida al poder de Grindelwald. Pero por otra parte, ni siquiera Rita
puede fingir que se conocieron el uno al otro solo durante unos meses de
verano cuando eran realmente jóvenes, como...
-Sabía que dirías eso -dijo Harry. No quería que su cólera se derramara
sobre ella, pero era difícil de mantener la voz estable-. Sabía que dirías
"eran jóvenes". Tenían la misma edad que nosotros ahora. Y aquí estamos
nosotros, arriesgando nuestras vidas para luchar contra las Artes Oscuras y
allí estaba él, reuniéndose con su nuevo mejor amigo, trazando planes para
su ascención al poder sobre los muggles.
Su temperamento no permanecería bajo control mucho más. Se levantó y paseó
por los alrededores, intentando trabajar un poco en acallarlo.
-No intento defender lo que Dumblemore escribió -dijo Hermione-. Toda esa
basura de "derecho a gobernar", es solo "La Magia es Poder" una vez más.
Pero Harry, su madre acababa de morir, estaba solo en casa....
-¿Solo? ¡No estaba solo! Tenía a su hermano y a su hermana acompañándolo, su
hermana Squib, a la que mantenía encerrada...
-No me creo eso -dijo Hermione. Ella también se levantó-. Independientemente
de lo que le pasara a esa chica. No creo que fuera una Squib. El Dumblemore
que nosotros conocíamos nunca, jamás habría permitido...
-¡El Dumblemore que creíamos conocer no quería conquistar a los muggles a la
fuerza! -gritó Harry, su voz resonó por la vacía cima haciendo que varios
grajos se elevaran en el aire, graznando y volando en espiral contra el
nacarado cielo.
-¡Cambió, Harry, cambió! ¡Es tan simple como eso! !Tal vez realmente creía
en estas cosas cuando tenía diecisiete años, pero el resto de su vida lo
dedicó a la lucha contra las Artes Oscuras! ¡Dumblemore fue quien detuvo a
Grindelwald, quien siempre votó a favor de la protección de los muggles y
los derechos de los nacidos muggles, quien luchó contra quien-tu-ya-sabes
desde el principio y quien murió intentando derrocarlo!
El libro de Rita yacía en el suelo entre ellos, de forma que la cara de
Albus Dumblemore sonreía culpablemente hacia ambos.
-Harry, lo siento, pero creo que la auténtica razón por la que estás tan
enfadado es que Dumblemore nunca te contó nada de esto él mismo.
-¡Tal vez! -bramó Harry y arrojando los brazos sobre la cabeza, apenas
sabiendo si intentaba contener su cólera o protegerse a sí mismo del peso de
su propia desilusión. -¡Mira lo que me pidió, Hermione! ¡Arriesga tu vida,
Harry! ¡Y otra vez! ¡Y otra vez! ¡Y no esperes que te lo explique todo, solo
confía en mí a ciegas, confía en que sé lo que hago, confía en mí aun cuando
yo no confío en ti! ¡Nunca toda la verdad! ¡Nunca!
Su voz se rompió por la tensión y se quedaron de pie mirándose el uno al
otro en la blancura y el vacío, y Harry sintió que eran tan insignificantes
como insectos bajo el amplio cielo.
-Te quería -susurró Hermione-. Sé que te quería.
Harry dejó caer los brazos.
-No sé a quien quería, Hermione, pero nunca fue a mí. Esto no es amor, el
lío en el que me ha dejado metido. Compartió más de lo que estaba pensando
con Gellert Grindelwald a simple vista de lo que nunca compartió conmigo.
Harry recogió la varita de Hermione, que había dejado caer en la nieve y
volvió a sentarse en la entrada de la tienda.
-Gracias por el té. Terminaré la guardia. Regresa al calor.
Ella vaciló, pero reconoció la despedida. Recogió el libro y luego regresó
caminando por delante de él a la tienda, pero mientras lo hacía, le acarició
la parte superior de la cabeza ligeramente con la mano. Él cerró los ojos
ante su tacto y se odió por desear que lo que Hermione había dicho era
verdad: que Dumblemore realmente se había preocupado por él.